miércoles, 20 de julio de 2016

Manuela, el nuevo proyecto de Nick McCarthy















La semana pasada, Franz Ferdinand anunció (desgraciadamente) que Nick McCarthy no va a formar parte del próximo álbum de la banda. Se trata de "Manuela", el nuevo proyecto que lleva junto a su esposa la cantante Manuela Gernedel. El anuncio fue acompañado del primer single del dúo Cracks in the Concrete, disponible como postcard artwork desde Lost Map, acompañado por un B-side Remix de la DJ londinense Nadia Ksaiba. Fue grabado en el estudio Sausage de McCarthy en Hackney, Londres y coproducida por Sebastion Kellig.

El disco debut incluirá colaboraciones de amigos de la banda como Roxanne Clifford (Veronica Falls), Jim Dixon (Django Django), William Reese (Mystery Jets), y Paul Thomson (Franz Ferdinand).

No es el primer proyecto de la pareja, su antecesor fue Box Codax, banda de indie rock, electrónica y experimental de Glasgow compuesta por Nick, Manuela y Alexander Ragnew, con dos álbums de estudio Only An Orchard Away (2006) y Hellabuster, y cuatro sencillos y Eps: Boys & Girls (2005), Naked Smile (2006), Missed Her Kiss / Rat Boy Remixes (2007) y Hellabuster / Choco Pudding (2011).





viernes, 20 de febrero de 2015

Cómo identificar pelotudos, y alejarse de ellos.

Odio a los pelotudos, a todos, los odio. Lo peor de todo es, de hecho, que esta gente no sabe que son pelotudos, si, lo ignoran completamente.  No se si por ingenuos o por pelotudos, valga la redundancia. Y nadie se los dice. Ellos están entre nosotros, caminan entre nosotros, son verdaderos parásitos de la sociedad.

Es un tanto difícil identificarlos, el pelotudo no es ningún tontito, ni es un fracasado, ni un nerd, ni un otaku que no coge, o le va mal, no no. La mayoría de los pelotudos tienen trabajo estable, salen, pagan sus cuentas, tienen su titulo universitario, viven solos, promedio alto, tal vez casa y perro, pareja, digamos que podrían ser personas como cualquiera de nosotros, pero no, son pelotudos.

Ojalá existiera algún radar para identificarlos y perderlos de vista. Debería existir alguna red social que rastree a los pelotudos de tu zona, o debería existir una versión de Cicatricure llamada "Histericure", para erradicar la histeria de estos pelotudos y hacerle un favor al mundo. Pero por el momento sólo podemos intentar identificar y en lo posible hacer algo por eliminar al pelotudo de nuestras vidas, o al menos ignorarlo o hacerle ver cuan pelotudo es. 


Tipos de pelotudos:

1. El histérico: este es el tipo de pelotudo más odioso. Es el pelotudo que ya no se banca a su novia, que ya no la ama pero no la deja, es del tipo que hace más de un año que da vueltas con ella y, posiblemente ya te este tirando onda. Es el tipo de pelotudo que te dice que te quiere con lágrimas en los ojos, que quiere estar con vos pero no lo demuestra, el que te dice "no te quiero lastimar" o te habla de la ex-novia después de un buen tiempo que van saliendo, el que un día es fogozo y al otro te clava los vistos en Whatsapp.

2. El narcisista: Este tipo de pelotudo es el que se piensa que cada mina de la rotonda le va a dar bola solo por mostrar su sonrisa. El que si le decís campeón se cree el rey de la selva,este pelotudo ama la adulación. Es el tipo de pelotudo que se va de levante y se coge a varias minas de las cuales ni se acuerda los nombres, para sentirse groso. La libertad ante todo, ¿no?

3. El panorámico: es ese personaje que cuando le estas preguntando algo importante, tiene la necesidad de mirarte las tetas o hacer una vista rápida de todo tu ser. Muchas gracias muchacho, mis ojos están arriba.

4. El sabiondo: es el pelotudo que se cree que se las sabe todas, que te pelea a muerte algo aunque sabe muy bien que se equivocó, el que le encanta recalcarte tus errores pero no reconoce los propios, el que se cree dueño de la verdad, el que se cree el ejemplo de la moral y la personificación de la bondad y después discrimina a alguien porque se puso a fumar en la puerta de una iglesia, el que por usar una remera de The Big Bang Theory ya se cree crack de Química y Física.

5. El olvidadizo: Es el tipo de pelotudo que siempre se olvida cosas importantes que por ahí se las contaste los 365 días del año, pero el muy pelotudo te sigue sosteniendo que nunca se lo dijiste. Su capacidad de almacenamiento equivale a menos que un maní quemado.

6. El competitivo: no importa que hagas o que digas, este pelotudo siempre lo hizo mejor, o siempre conoce a alguien que le paso lo mismo, siempre quieren ser el centro del universo. Si comentas algo copado, suele rematarlo con algo más interesante para llamar la atención. Ojo con estos pelotudos, suelen ser algo mitómanos.

7. El redundante patético: este pelotudo suele ser el más gomoso de todos, es el que todo el tiempo le dice a la novia cosas como "te amo amor" y si, si es tu amor es porque la amas, digo, ¿no? es del tipo de personas que en facebook le llena el muro a su novia con frases robadas de paginas chotas que editan con paint con cursilerias y tipografía Comic Sans. Es del tipo que comenta algo en su muro y se da like a si mismo.

8. El negativo: no importa que digas, si tuviste un día feliz, o si te pasó algo interesante, este pelotudo siempre va a ver el vaso vacío de todas las situaciones, DE TODAS. Es de los que te cagan los estados interesantes del facebook.

9. El gestual: Es el pelotudo más banana de todos. Es ese tipo que siempre tiene la necesidad de hacer "comillas" con los dedos o que te hace todo el sonido y el movimiento de la batería cuando tira algún chiste (que por lo general a nadie le causo gracia).




Seguramente me faltan varios más en la lista que, espero, los iré agregando, las sugerencias son aceptadas.
Quizá, me esté desquitando por el desfile de imbéciles que aparecieron a lo largo de mi vida. Ojalá un día la supervivencia de estos especímenes llegue a su culminación.

domingo, 18 de enero de 2015

Cut Piece, Yoko Ono y la performance





























     “Los espectadores fueron recortando las partes de mí que no les gustaban. Al final sólo quedaba yo, firme como una piedra, pero ni siquiera eso les satisfacía: querían saber qué había en esa piedra" 

(Yoko Ono, comentario de la artista, 1971) 

           Una mujer aparece arrodillada, sentada en el suelo, sola, advertimos que no es cualquier persona, es Yoko Ono, pero no está completamente sola, del extremo opuesto al suyo, se encuentran varias personas, a la espera de compartir un poco de su protagonismo. Un sujeto se acerca, toma una tijera y corta un trozo de tela de su ropa y se retira. Al rato, avanza otro sujeto, corta otro trozo de tela y también se retira. Ella aparece inmóvil, nadie intervente. La situación se sigue repitiendo, reiteradas veces, empeorando, somos testigos de ello, de ese acto de agresión física y psíquica, somos cómplices se quiera o no, de ese acto agresivo al dejar descubierto poco a poco su cuerpo femenino. 

        Cut Piece, es el nombre de la primer performance de la artista visual Yoko Ono, realizada en 1964 en el Yamaichi Concert Hall, en Kyoto, Japón. En esta performance Yoko Ono se convierte en objeto, más específicamente, en objeto artístico, es decir, son los espectadores quienes participan con la interpretación que hace, son ellos quienes deciden qué cortar y qué no de su cuerpo, ellos moldean a la artista, presentándose a sí misma como objeto e invitando a los espectadores a involucrarse. 
La performance es una acción voluntaria, relacionada con la memoria colectiva y al trauma que genera la representación, ya que ambos tienen relación con lo reiterado. Es lo que en términos de Richard Schechner llama twice behaved behavior, es decir “repertorio reiterado de conductas repetidas". Esta performance tiene un motivo como trasfondo, es dialéctica. En un principio, me gustaría abordar este tema a partir de la fotografía de abajo, correspondiente a esta performance.

Yoko Ono, Cut Piece, Yamaichi Concert Hall, Kyoto, 1964. 

























          Si observamos esta fotografía, podemos asociar su actitud corporal pasiva con implicaciones de comportamiento social de la historia de la cultura tradicional japonesa. Lo Oriental, está fuertemente marcado, culturalmente codificado, no sólo por el hecho de ella ser una nativa japonesa, sino que se puede afirmar esto a partir de su comportamiento como totalidad, en su postura al sentarse, siempre arrodillada, inmóvil, recuerda a las ceremonias de té japonesas, o a la atención por parte de los restaurantes-templos japoneses tradicionales como los que pueden apreciarse en Kyoto, donde la mujer debe permanecer arrodillada, como en esa postura, y no puede retirarse antes que el cliente. No importaba si están sufriendo algún dolor, antes que el invitado deje su asiento, una debe aguantar. Una característica de las técnicas orientales es la valoración positiva del control de las emociones, de la búsqueda de la armonía y del autodominio. Esta idea del sacrificio (y del dolor) puede apreciarse en su rosto, que se presenta triste, que intenta ocultar su sufrimiento. No está vestida con ropa tradicional, hay una clara ausencia de kimonos por ejemplo, pero es notorio un claro uso del color negro en su vestimenta. Uso del negro, como color que puede ser asociado a la idea del luto, nuevamente marca de sufrimiento. La agresión física y psicológica que va sufriendo su cuerpo, relatan la gravedad de los hechos sociales y políticos. Esto tiene que ver con las marcas apropiadas por la artista, sea el estilo, estructuración, emociones y otros, que evidencian “partes de sus posicionamientos sociales más amplios, y también sus intentos por legitimarlos o modificarlos”. Esto tiene que ver a su vez con las relaciones de poder de la sociedad, con las estrategias de identidad y dominación. Los pedazos de sí misma son sacrificados, su cuerpo es sacrificado, es la renuncia de sí misma, o en palabras de una profesora de teatro citada por Aschieri: “en oriente el cuerpo es un medio”. Las razones aparecen como dualismos entre la ira o el amor, la frustración o la impotencia, la fuerza interior y la perseverancia. Lo superficial, lo externo puede cambiar, pero la integridad no la puede robar nadie. Diana Taylor menciona que la performance “hace énfasis en el aquí-mismo del trauma y el rol de la memoria como una función del presente, no solo del pasado”. La performance fue una oportunidad para Yoko para transmitir su sufrimiento interior hacia el exterior a través de su arte. Cut Piece fue una necesidad de la cohesión social y el amor. También se refirió a las cuestiones de género y sexismo, así como del sufrimiento humano y la soledad. En el siglo XX la influencia de lo Oriental se expandió a las vanguardias e influyó en los entrenamientos actorales. Es importante destacar, que Yoko Ono fue partícipe del movimiento artístico de las artes visuales llamado Fluxus muy importante en la década del ’60 y ’70, que se declaraban en contra el objeto artístico tradicional como mercancía. “Las estrategias del performance poseen su historia y también se van transformando”. Con respecto a esto, es importante destacar que Cut Piece fue realizada por ella en otras dos ocasiones, una al año siguiente en el Carnegie Hall de Nueva York, y la última en el 2003 en París. El objeto de la performance fue cambiando, siendo las dos primeras (años contiguos) de la misma motivación, pero la última cargada de una connotación distinta. En cuanto a su estreno en Japón, Yoko Ono dijo: "En la década de 1960 lo hice por la ira." En la primera performance, llevaba el peso de toda la violencia del mundo sobre ella, era más personal, en cambio en su última performance, dijo: "Tras los cambios políticos a través del año después de 9/11, me sentí terriblemente vulnerable-como el viento más delicado podría traerme lágrimas, (...) Cut Piece es mi esperanza para el mundo la paz". La paz mundial es el objetivo de esta última. Es interesante destacar que en Japón, el público fue tímido y cauteloso, y en cambio en Francia, fueron partícipes entusiastas para conseguir una pieza de su ropa. Tanto la primera presentación como la última se producen en tiempos de la guerra y turbulencia política. Cut Piece demostraba cómo la mirada inconsciente tiene el potencial de dañar e incluso destruir el objeto sobre el que se posa, es un llamado a la reflexión, a la solidaridad y al cambio.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Buenos Aires se ve tan susceptible



Hay una grieta en mi corazón. Gustavo Cerati marco a tres décadas, era músico, era poesía, era inspiración, era el ejemplo para muchos músicos argentinos. Ayer falleció con 55 años después de 4 años de lucha en coma. El 15 de mayo de 2010 había tenido un accidente cerebrovascular después de un concierto que dio en Venezuela.

Esta mañana, en Buenos Aires, me llevé una sorpresa: los carteles de todas las estaciones de subte lo despedían de este modo con un conmovedor homenaje. Gracias totales Gustavo Cerati, gracias por todo. Gracias por todo Soda Stereo, por Amor Amarillo, por Bocanada, Colores Santos y tus hermosos 11 episodios sinfónicos que siempre van a estar en lo más profundo de mi corazón, toda su música la amo pero esos son los discos que más me marcaron en su carrera. Gracias por sus colaboraciones con Bochatón y tantos otros músicos. Gracias por venir. Nos duele perderte. Te fuiste, pero tu luz no deja de pulsar. 

viernes, 22 de junio de 2012

Sé qué respiro: La piel que habito


















“El rostro nos identifica. A las víctimas de un incendio, no les basta con salvar su vida. Necesitan tener un rostro, aunque sea de un muerto, rostro con rasgos para poder gesticular” 

               Ser alguien porque poseemos un rostro, un rostro que nos diferencia de los demás, un rostro que nos es propio, que nos identifica, un rostro que nos dice quiénes somos, que nos diferenciada del resto y nos da pertenencia. La cuestión de la identidad puede observarse en esta frase dicha en una conferencia sobre el trasplante del rostro por el personaje Robert Ledgard (Antonio Banderas) en la película La piel que habito (2011), del director español Pedro Almodóvar.  

Robert da a conocer el éxito de sus investigaciones sobre la piel artificial resistente a cualquier picadura de insecto, con las que dice haber experimentado sólo en ratas, aunque sus compañeros sospechan lo contrario y por traspasar los límites de la bioética, cancelan su proyecto. Dichas investigaciones comenzaron tras el accidente previo de su ex esposa que sufrió quemaduras graves, pero no pudo terminar de ayudarla porque ella al turbarse con su propia imagen reflejada en una ventada, se suicidó tirándose por la misma. Siguiendo a Le Bretón, el individuo se identificaría con su propio rostro a la vez que le sigue siendo el más extraño, “aquel que se mira con asombro, aquel cuya pérdida (la desfiguración) conlleva a menudo la destrucción de la identidad personal, la desaparición radical del placer de vivir”. La extrañeza que le generó el tener un rostro en lugar de otro, ver un rostro distinto al que era suyo, fue la causa por la cual quiso quitarse su vida, al no poder soportar su ser en la imagen espejada, por no aceptar esa nueva realidad que se le presentaba. Su suicidio vendría a ser una referencia al mito de Narciso, en el que en vez de enamorarse de su propia imagen y morir, evidenciaría el horror ante su propia imagen y su consecuente muerte.

 La obsesión del cirujano Ledgard por inventar una nueva piel, lo llevaron a experimentar también en Vera (Elena Anaya), una mujer encerrada en su clínica privada, resultado de todas esas investigaciones. En una suerte de flashback, conocemos el pasado de ella, seis años antes, nos damos cuenta que antes era un hombre, un hombre llamado Vicente (Jan Cornet) y que en una fiesta violó a Norma, hija de Ledgard. El cirujano decide vengarse en cómodas cuotas: primero raptándolo y encerrándolo en un cuchitril, aislado en un sótano, encadenado y sólo con un balde de agua, luego haciéndole una cirugía clandestina en la cual le cambia los órganos genitales masculinos a los femeninos, para finalmente, transformar todo su cuerpo al de una mujer.

Vicente luego de su operación, parado en una silla ve su nueva imagen desnuda contemplada en un espejo, ve su cuerpo transformado en algo no deseado. Le Bretón mencionaría esta fragilidad que siente el personaje por su metamorfosis final al decir que “si para el hombre que se interroga por su identidad, su arraigo al cuerpo se le aparece como un misterio, más aún se le escapa el rostro que contempla en el espejo y del cual ve la fragilidad, la metamorfosis a lo largo del tiempo”. El sujeto percibe su cuerpo desde afuera a través de un objeto separado de él: el espejo. El sujeto perdió su identidad, al perder su rostro, ya no es Vicente, ahora es Vera, algo ajeno a sí mismo pero del cual forma parte. Es interesante pensar que tanto Vera como Vicente, que son la misma persona, son interpretadas por distintos actores, esto afirma más aún esta idea. Vicente lleva en su interioridad un rostro de referencia de él mismo que le es propio, que es su rostro original, comparándolo a Vera, un rostro de sus rasgos transformados, pero que es su rostro presente.
El cuerpo en La piel que habito es una construcción, construcción del ser perfecto donde el cuerpo ya no es lugar de lo auténtico, de lo natural, sino simbolizado a través de la piel sintética. Donde el hecho mismo de inventar una piel, es el contorno de la identidad.

La piel que habito es sobre todo la lucha del compromiso que adquiere Vera con su identidad.En cierto sentido, se plantea un proceso inverso al transexual, Vera en vez de buscar acomodar lo físico a su condición interna, es su condición interna la que entra en peligro al ser parte de otro rostro -rostro que ni siquiera le pertenece por ser idéntico al de la ex esposa del cirujano- así como de otro cuerpo, de otra forma de sí mismo. El rostro era para el personaje, el lugar de soberanía donde establecía una relación con el mundo del cual formaba parte, de un estilo propio, de su estilo de vida en el cual es el único poseedor. Al desaparecer su rostro de referencia, marca un momento difícil de conmoción, en el cual la alteridad se impone sobre la familiaridad del mismo, dando lugar a una destrucción del sentimiento de identidad en el personaje. El ocultamiento del propio rostro introduce a Vicente en un desdoblamiento de sí, donde ahora es un rostro extraño, irreconocible, vuelto una máscara.

En la escena en la cual Robert le regala cosméticos a Vera, puede apreciarse la autonomía progresiva de la máscara y el intento de reforzar la identidad de ella como mujer luego de su transformación física, de una identidad nueva que se le impone. Sobre esto Le Bretón menciona que “actuar sobre el rostro para embellecerlo es actuar simultáneamente sobre la identidad para reforzarla. Para ciertas mujeres, el maquillaje es una segunda piel, una especie de ropaje facial que las protege y sin el cual se sienten desnudas y vulnerables” (rostros, pag 191). No sólo desde el maquillaje, también puede apreciarse esto desde el hecho de prohibirle ciertos canales televisivos, entregarle libros de yoga, o regalarle vestidos para así interiorizarlo más con el mundo femenino y lograr que se apropie de éste, que se meta en la piel de Otro.

El film está dado de una forma casi claustrofóbica, ya que transcurre en espacios cerrados, siendo la vulnerabilidad de la piel lo que atraviesa ese espacio.
El título del film da cuenta por sí mismo del lugar central que ocupa nuestra piel. La piel encarna lo que somos, es una identidad que nos acerca o nos aleja de nuestro propio reconocimiento o el de los demás, donde nos hace iguales o diferentes a los otros. Es la piel que admitimos, que nos sorprende o rechazamos, es la piel que se ve, que se toca, que nos recubre, y que en el film Ledgard va modelando en Vera en busca de algo perdido, su esposa, implicando a la vez tanto la venganza como el deseo que ésta genera. Es la piel que se crea, se transforma y se rehace.

Un extraño llama a la puerta, Marilia quien está a cargo de la vigilancia de Vera, ve por la cámara de vigilancia y no logra reconocer de quien se trata en un principio por el ridículo disfraz de tigre de éste. Luego de que el sujeto le enseñe una marca en la piel de su trasero, ella logra reconocerlo, era su hijo Zeca. En esa marca es reconocida su identidad. Su madre lo reconoció sólo luego de ver esta marca. El cuerpo de Zeca es un cuerpo marcado, histórico, personal, individual, es un recorrido biológico y familiar -conocido tanto por él como en su relación maternal-. Su cuerpo remite a la idea del cuerpo de Odiseo, de un cuerpo que habla por sí mismo, que tiene un recorrido histórico. Histórico porque devela historias de su vida, de su pasado, que está cargado de situaciones, experiencias y que es reconocido por otro, testigo de esa marca, marca que es una máscara.

Al contactar con el cuerpo de otro, tanto en referencia a su hijo como al rostro de Vera por parte de ella y Ledgard, no pueden desprenderse de las imágenes que inundan a ese otro, son “las imágenes de la propia historia, sustratos de las identificaciones, que confirman una historia con orígenes y/o genealogías, imágenes que nos imprimieron ternura y también una cierta violencia” (Piera aulagnier, Buchbinder, Poetica del desenmascaramiento).

Si bien Vicente cambió físicamente, rechaza a Vera, se desprende bruscamente de su máscara al notar encima del escritorio un diario con una fotografía suya, en un aviso desesperado de su madre por encontrarlo. Su transformación no le hizo perder su rostro de referencia donde él se sigue reconociendo como tal, es decir, como Vicente. Invadido por el miedo y el rechazo a ser otro que el mismo, termina asesinando a Ledgard y Marilia, y huye para reencontrarse con su familia. El cuerpo puede sufrir grandes cambios, ya sea el rostro, la piel, incluso el sexo pero lo que somos no puede venir impuesto por nadie, Vicente pudo haber cambiado estéticamente, como así su modo de comportamiento pero en el fondo seguía siendo la misma persona.







**Esto que comparto fue escrito por mi como versión previa de una monografía final para la materia Teoría General del Movimiento de mi facultad.


BIBLIOGRAFIA

Le Breton, D “Rostros” ed. Letra Viva 2010 pág. 143 a 153.
Buchbinder, M. 2008 Poética del desenmascaramiento. “Mascaras Hoy Las Máscaras en la cultura,” Te conozco mascarita” Pág. 253 259, Buenos Aires,2 ed Letra Viva.
Buchbinder-Matoso. 1980. Las Máscaras de las Máscaras, Eudeba, Buenos Aires.

domingo, 22 de abril de 2012

Cortometrajes

Comparto con ustedes una serie de cortos que estuve viendo en este tiempo y que por algún motivo llamaron mi atención, además de gustarme el mensaje que cada uno de ellos deja.


1. Bodhisattva en el metro (Ботхисатва в метро) de Christine Rabette.


El Buda escapa del mundo. El Bodhisattva permanece en él para ayudarnos a encontrar el camino. Prueba de que definitivamente uno puede hacer la diferencia. Este corto me robó una sonrisa.


2. Validación (Validation) de Kurt Kuenne (2007)


El  poder de una sonrisa. Ganador del Mejor Corto Narrativo, Festival Internacional de Cine de Cleveland, el Gen Art Festival de Cine de Chicago, y muchos otros.


3. El valor de las palabras (The Power of Words) de Seth Gardner


Cortometraje que muestra cómo las palabras pueden cambiar radicalmente un mensaje y el efecto que produce sobre las personas.

4. Right Place de Kosai Sekine.

Un japonés empleado de un supermercado de actitudes bastante excéntricas. Ganador del Mejor Cortometraje en el Young Directors Award Cannes, Medalla de oro en New York Festivals, Mejor Película Extranjera en el New York City Short Film Festival.


5. The Black Hole de Diamond Dugs (2008)

Cuidado con lo que deseas. Cortometraje de apenas tres minutos de duración, de Diamond Dogs (duo conformado por los creativos publicitarios y televisivos ingleses Phil Sansom y Olly Williams), y que tuvo notable éxito por parte del público en el Festival de Cannes de 2009.

lunes, 5 de marzo de 2012

I still feel that you hit my window



Nos presentaron una tarde, en ese entonces era chica, debía tener unos 10 años, tenía pocos amigos y era algo solitaria. Una conocida de mi madre me dirigió a donde estaban, y te vi, te vi luchando ingenuamente por buscar más espacio en esa diminuta caja, peleándote con tus mellizos por el pecho de tu madre, en esa caja, esa vieja caja sucia. De alguna manera, algo en vos me atrapó desde un principio, eras blanca y tenías manchas -al igual que la mayoría de tus hermanos- pero tenías un encanto que te era propio, que te diferenciaba de los demás.. es curioso, me encantaba contemplar el baile peligroso de tu cabeza donde tus naranjas, marrones oscuros-negros se debatían a duelo, esa idea me recordaba a las casillas negras y blancas de un tablero de ajedrez. Algo en mí sabía que vos eras la indicada.

Te llame Misty, por un personaje de cabellos naranjas de un anime que miraba en esa época (Pokemon). Eras tan dulce, simpaticona, saltarina, no parabas de moverte de un lado a otro por toda nuestra casa, en especial mi cuarto. Jugueteabas mucho pero jamás rompiste nada, jamás ninguna queja pero Dios, ¡cuantos días no me dejaste dormir porque querías seguir jugando!!! Nunca te cansabas, siempre te sobraba energía.

Tus saltos comenzaron el día que decidiste salir a ver el mundo con tus propios ojos, el día en que con mucho coraje y agallas, aprendiste a salir sola de una caja, luego a subir y a bajar de mi cama, y al poco tiempo descubriste lo divertido que puede ser subirse a los árboles, y también lo peligroso que es no poder bajarse.
Te llevabas bien con lo caninos de la casa, y ellos jamás te hicieron nada a pesar de estar celosos de mi afecto hacia vos.
Siempre estábamos juntas, a la noche te venias a mi cama y con la patita me hacias entender que tenias frió y que querías entrar.

Eras de juguetear por el jardín, por techos y árboles vecinos y las veredas del barrio, pero siempre volvías a casa.

Si me pegaste sustos.. y ¡cuantos! Muchas veces me dejabas 'regalitos' en ofrenda a nuestra amistad, a nuestro lazo profundo, vos pensabas que era agradable encontrarme esas criaturas muertas en el suelo, una vez me acuerdo que tuve que pararme en una silla porque uno de esos regalitos aun estaba medio vivo, medio muerto.

Cuando estaba triste, lo sentías, lo sabias, y me hacías mimitos con tus patitas y tu cabecita.

Un día tuviste tu primera cría, en mi cama, si, en mi cama. Jamás me voy a olvidar el cambio repentino en tu mirada, en tu rostro, en tu cara de sufrimiento, de cansancio, me di cuenta que habías crecido tanto, ya no eras la loca saltarina perseguidora de hilos y objetos del piso, eras mamá. Al principio pensábamos que querías matarlos, porque los escondías en los armarios de la casa, y en los cajones de los ficheros pero después nos dimos cuenta que en verdad los estabas protegiendo, cuidando de que nadie los tocara ni les hiciera daño. Eras una excelente mamá, esperabas hasta que cada uno de tus hijos terminara de comer, siempre eras la última en probar bocado.

Regalamos a toda tu cría, todos menos uno, al único diferente, al gato más hermoso y más dulce que haya conocido en mi vida Canela que resultó ser unos días después Canelo.

Después de tu segunda cría te castramos, después de eso te volviste tan mancita, tan tranquila, ya no te importaba cazar, te volviste más seca con los demás, no te gustaba que te cargosearan ni jodieran pero a mi siempre me hacías caso, y siempre me buscabas para hacerte mimos.



Ya van dos semanas que con mi familia no sabemos nada de vos. Tenias 12 años, y te fuiste, vaya a saber donde, creo que a buscar la muerte lejos de casa.

Tengo la esperanza de levantarme a la madrugada y escuchar una vez más tu pata rasguñando mi ventana, para ir a abrirla.