martes, 9 de septiembre de 2008

Una pasión demoníaca: Oscar Wilde y Alfred Douglas.

Oscar Wilde, al término de cada estreno, era llevado en andas al escenario, en donde su calzón de terciopelo Luis XV tomado bajo la rodilla, medias al tono, zapato de hebilla de oro y un florón en el ojal de la chaqueta, eran su marca de fábrica.
El look resultaba excéntrico, nunca ridículo o vulgar. Muy alto, irlandés aristocrático, era casado, con 2 hijos.
Le gustaba reunirse y cenar con "panteras", como se les llamaba a los muchachos de extracción social de los barrios bajos y pobres, lo que era considerado una extravagancia, en pleno reinado de la Reina Victoria.

"El amor es algo maravilloso. Es más bello que las esmeraldas y más raro que los finos ópalos. Perlas y rubíes no pueden pagarlo...."

Esta reflexión pertenecía a su cuento El ruiseñor y la rosa, que derivaba a su vez, luego de haber conocido a Lord Alfred Douglas, quien tenía 21 años. Wilde, más de treinta.
El flechazo fue mutuo y el joven se convirtió aquella noche del primer encuentro, en el amante del genio; se trasladó a vivir a su lado, en el más estricto de los secretos.
El muchacho dijo a sus padres que regresaba al college, de donde habría egresado sin graduarse.

"A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto, toda nuestra vida se concentra en un instante", escribía el poeta en su diario.

Douglas se dedicaba al jardín, o a aporrear el piano.
Luego ambos iban al teatro, a conciertos, o a cenar, simulando ser desconocidos. Estaban conscientes de que el escásndalo estaba a la vuelta de la esquina.
El peligro enardecía aún más su pasión. La pasión de Wilde, avasalladora, La de Douglas, debido a su ego inmenso por haber conquistado al hombre más destacado del reino, era exhuberante.
El escándalo estalló, y la verguenza, la ira y la venganza sulfuraron al padre del joven Douglas.

Wilde fue llevado a juicio, bajo el cargo de "grave indecencia".Cumplida la condena de dos años, el escritor buscó a Douglas, y lo llevó a vivir con él a Nápoles.

Wilde era ahora un hombre empobrecido. Por orden de Palacio, su mansión, su casa de las afueras de Londres, el derecho de autor de todas sus obras teatrales y sus libros, le fué confiscado.
Con el oro y las libras que alcanzó a llevarse al exilio, procuró volver a darle a su amado Douglas la vida que llevaban antes.

Cada capricho le fué concedido. Al pasar de unos meses, tocó fondo.

"Y TODOS LOS HOMBRES MATAN LO QUE AMAN
QUE LO OIGA TODO EL MUNDO
UNOS LO HACEN CON UNA MIRADA AMARGA,
OTROS CON UNA PALABRA ZALAMERA
EL COBARDE CON UN BESO
EL VALIENTE CON UNA ESPADA"


Cuando Douglas supo que había que abandonar la mansión y las comodidades, dio un mal día un beso en la boca a su amante, y se llevó consigo joyas, lo más lujoso del guardarropa, y a escondidas, se embarcó hacia Inglaterra.

A menos de un año, en principesca ceremonia religiosa, se casó con una muy adinerada Eleanor Custance, quien se presentaba como poeta, igual al novio.

Wilde, enterado de todo, enfermó de pena y al sentir la trición, se dejó caer en la bebida. Nápoles se le hizo insoportable por los recuerdos...entonces se fué a París.
Allí, sucio, sin dientes, casi ciego por la carcoma que atacó suss penetrantes ojos, y por
casualidad, convertido ya en un mendigo, tapándose con un diario en la calle, leyó que Lord Alfred y su esposa habían tenido un hijo.
Esto terminó por destruirlo.
Una meningitis lo llevó a la muerte a la edad de 46 años.

"CONTIGO, OSCAR, CONOCÍ EL AMOR QUE NO SE ATREVE A DECIR SU NOMBRE Y POR ELLO, ENTONCES, UN MAL AMOR QUE, SIN EMBARGO, LLEVARÉ SIEMPRE CONMIGO".

1 comentario:

Leo dijo...

GRANDE OSCAR!!!!!!!!!!!!!!