domingo, 21 de febrero de 2010

Orfeo y Eurídice



La historia de Orfeo y Eurídice siempre fue una de mis favoritas de la mitología.
Orfeo, personaje mitológico griego, hijo de Apolo-“el que hiere de lejos”- y de Calíope -musa de la poesía épica y la elocuencia, “la de la bella voz”-; hereda de su madre, el don de la música y la poesía. Orfeo lograba encantar a todos-incluyendo los ríos, plantas, rocas y en sí, la Madre Naturaleza- los que caían hechizados bajo su canto, sin importar la resistencia, orgullo o ferocidad que tuviesen.

Orfeo era un sabio, un viajero ansioso por conocer, eterno por aprender. Había estado en Egipto y aprendió de sus sacerdotes los cultos a Isis y Osiris, y se llenó de distintas creencias y tradiciones. Las mujeres lo admiraran y no era extraño que soñaran con estar junto a él y ser despertadas con una dulce melodía de su lira al amanecer. Pero fue Eurídice, una bella ninfa de los bosques, cuya modestia igualaba a sus encantos, quien le pareció digna de su amor y la tomó por esposa siendo por ella correspondido.


"Orpheus and Eurydice" de George Frederick Watts









Versión de Rubens



Version de Frederic Leighton



Versión de Federico Cervelli



Versión de Gustave Moreau



Un día, mientras Eurídice paseaba por una llanura de Tracia, fue observada por el pastor Aristeo, que la atacó en un intento de hacerla suya, éste la siguió mientras Euridice corrió para escaparse, y en su intento por huir, pisó una serpiente que le inyectó un veneno mortal. Fue así que se precipitó en los infiernos entre las sombras de los muertos, pero Orfeo no se resignó a su desaparición. A orillas del río Estrimón, sus gritos de dolor alcanzaban llanuras y montañas. Consternado, Orfeo tocó canciones tan tristes y cantó tan lastimeramente, que todas las ninfas y dioses lloraron y le aconsejaron que descendiera al inframundo, donde, con la ayuda inestimable de su música, consiguió sortear muchos peligros, conmoviendo y consolando a las almas de los muertos, llegando a encantar incluso a Hades y Perséfone, los dioses regentes del Inframundo, que le concedieron la oportunidad de regresar al mundo de los vivos junto a Eurídice. Pero sólo con una condición: Orfeo saldría primero, debía caminar siempre delante de ella y no mirarla hasta que ambos hubieran llegado arriba, y los rayos del sol hubieran bañado por completo a Eurídice. El poeta se alegró en lo más hondo de su corazón y se encaminó feliz hacia la luz del sol, pero cuando estaba por emerger de las profundidades de la tierra, no resistió: se volvió, ella aún tenía un pie en la sobras.. un grito desgarrador sacudió las paredes de piedra, mientras la dulce Eurídice regresaba dulcemente a las tinieblas. Toda plegaria resultó vana: había perdido a su amada para siempre.


Orfeo y Eurídice en la ópera:

Exciste una ópera basada en el mito de Orfeo y Eurídice. Consta de tres actos, del compositor alemán Christoph Willibald von Gluck(1714-1787) , con libreto de Raniero de Calzabigi, de 1762.

Acto I


Acto II


Acto III