lunes, 13 de diciembre de 2010

Los ojos de los pobres

El día de hoy, caminaba por la avenida Entre Ríos, en Congreso, a la salida de mi trabajo y visualice una tierna parejita de unos 60-70 años -aproximadamente-, agarrandose las manos y mirándose con dulzura a los ojos. La escena me conmovió tanto que no pude evitar pensar en mi actual relación, en replantearme algunas cosas y en re-pensar en otras. Pensé, entre tantas cosas, en como en un futuro lejano (si sigo estando con alguien), me gustaría terminar como ellos: enamorandose uno del otro, como si fuera el primer día y volverse a enamorar uno del otro cada día. Sí, lo sé, esta idea es un poco inocente y algo naif de mi parte, pero creo que el amor verdadero dura para toda la vida, sólo el más profundo amor. Amarse más allá del físico que va envejeciendo día a día y en sí, del tiempo, de los problemas, de todo lo que pueda ocurrir, de lo bueno y lo malo, como se dice. A lo largo de mi vida me gustaron varios chicos, pero siempre fui tímida y pocas veces dije lo que sentía; no esta en mi naturaleza confesarlo..siempre fui de querer en silencio, ¿algo loco, verdad? aún así, los ojos no mienten, el corazón no puede descender su ritmo, y muchas veces es imposible no hacer de la situación algo un poco evidente.

Paralelamente, me acorde de Los ojos de los Pobres de Baudelaire, y de la canción "How Beautiful you are" de the Cure, que en cierta manera es el relato de Baudelaire, o algo parecido. Para los que no conozcan, se los dejo abajo:


Los ojos de los pobres - Charles Baudelaire

¿De modo que quieres saber por qué te odio hoy? Te será sin duda, más difícil entenderlo que a mí explicártelo, pues creo que eres el más bello ejemplo de impermeabilidad femenina que cabe encontrar. Habíamos pasado juntos una larga jornada que me resultó corta. Nos habíamos prometido que nos comunicaríamos todos nuestros pensamientos el uno al otro y que, en adelante, nuestras almas serían una sola. [...] Al anochecer, como estabas algo cansada, quisiste sentarte en la terraza de un café nuevo que hacía esquina con un bulevar también nuevo y todavía lleno de escombros, que ya mostraba su esplendor inacabado. El café esta resplandeciente. Hasta el gas alumbrado desplegaba todo el fulgor de un estreno e iluminaba con toda su fuerza las paredes de una blancura cegadora, las superficies deslumbrantes de los espejos, los dorados de las molduras y comisas, los mofletudos pajes arrastrando con perros con correas, las damas sonriendo al halcón posado en el puño, las Hebes y los Ganímedes ofreciendo con los brazos extendidos un ánfora con jaleas o un obelisco bicolor de helados con copete; toda la historia y toda la mitología puestas al servicio de la glotonería. En la calzada, justo delante de nosotros, se había plantado un hombre de unos cuarenta años, con cara de cansancio y barba entrecana, que llevaba de y a una mano a un niño, mientras sostenía en el otro brazo a una criatura demasiado pequeña para andar. Estaba haciendo de niñera y llevaba a sus hijos a tomar el fresco de la noche. Todos iban andrajosos. Los tres rostros estaban extraordinariamente serios y los seis ojos contemplaban fijamente el café nuevo, con igual admiración..Los ojos del padre decian "¡Qué precioso, que precioso! Se diría que todo el oro de este pobre mundo se ha concentrado en estas paredes". El niño explamaba "¡Qué precioso, qué precioso!, pero éste es un sitio donde sólo puede entrar la gente que no es como nosotros". En cuanto a los ojos del más pequeño, estaban demasiado fascinados para no expresar más que una alegría estúpida y profunda. Dice la letra de una canción que el placer hace a las almas buenas y ablanda los corazones. Por lo que a mí se refiera, la canción tenía razón esa noche. No sólo me había enternecido aquella familia de ojos, sino que me sentía un tanto avergonzado de nuestros vasos y de nuestras jarras, mayores que nuestra sed. Había dirigido mis ojos a los tuyos, amor mío, para leer en ellos mi pensamiento; me había sumergido en tus ojos tan bellos y tan extrañamente dulces, en tus ojos verdes, habitados por el capricho e inspirados por la luna cuando me dijiste: "¡No soporto a esa gente con los ojos abiertos como platos! ¿No puedes decirle al encargado del café que los eche de ahí?". ¡Hasta qué extremo es dificil entenderte, ángel mío! ¡Hasta qué extremo es incomunicable el pensamiento, incluso entre aquellos que se aman!



La canción que mencioné de The Cure: