lunes, 5 de marzo de 2012

I still feel that you hit my window



Nos presentaron una tarde, en ese entonces era chica, debía tener unos 10 años, tenía pocos amigos y era algo solitaria. Una conocida de mi madre me dirigió a donde estaban, y te vi, te vi luchando ingenuamente por buscar más espacio en esa diminuta caja, peleándote con tus mellizos por el pecho de tu madre, en esa caja, esa vieja caja sucia. De alguna manera, algo en vos me atrapó desde un principio, eras blanca y tenías manchas -al igual que la mayoría de tus hermanos- pero tenías un encanto que te era propio, que te diferenciaba de los demás.. es curioso, me encantaba contemplar el baile peligroso de tu cabeza donde tus naranjas, marrones oscuros-negros se debatían a duelo, esa idea me recordaba a las casillas negras y blancas de un tablero de ajedrez. Algo en mí sabía que vos eras la indicada.

Te llame Misty, por un personaje de cabellos naranjas de un anime que miraba en esa época (Pokemon). Eras tan dulce, simpaticona, saltarina, no parabas de moverte de un lado a otro por toda nuestra casa, en especial mi cuarto. Jugueteabas mucho pero jamás rompiste nada, jamás ninguna queja pero Dios, ¡cuantos días no me dejaste dormir porque querías seguir jugando!!! Nunca te cansabas, siempre te sobraba energía.

Tus saltos comenzaron el día que decidiste salir a ver el mundo con tus propios ojos, el día en que con mucho coraje y agallas, aprendiste a salir sola de una caja, luego a subir y a bajar de mi cama, y al poco tiempo descubriste lo divertido que puede ser subirse a los árboles, y también lo peligroso que es no poder bajarse.
Te llevabas bien con lo caninos de la casa, y ellos jamás te hicieron nada a pesar de estar celosos de mi afecto hacia vos.
Siempre estábamos juntas, a la noche te venias a mi cama y con la patita me hacias entender que tenias frió y que querías entrar.

Eras de juguetear por el jardín, por techos y árboles vecinos y las veredas del barrio, pero siempre volvías a casa.

Si me pegaste sustos.. y ¡cuantos! Muchas veces me dejabas 'regalitos' en ofrenda a nuestra amistad, a nuestro lazo profundo, vos pensabas que era agradable encontrarme esas criaturas muertas en el suelo, una vez me acuerdo que tuve que pararme en una silla porque uno de esos regalitos aun estaba medio vivo, medio muerto.

Cuando estaba triste, lo sentías, lo sabias, y me hacías mimitos con tus patitas y tu cabecita.

Un día tuviste tu primera cría, en mi cama, si, en mi cama. Jamás me voy a olvidar el cambio repentino en tu mirada, en tu rostro, en tu cara de sufrimiento, de cansancio, me di cuenta que habías crecido tanto, ya no eras la loca saltarina perseguidora de hilos y objetos del piso, eras mamá. Al principio pensábamos que querías matarlos, porque los escondías en los armarios de la casa, y en los cajones de los ficheros pero después nos dimos cuenta que en verdad los estabas protegiendo, cuidando de que nadie los tocara ni les hiciera daño. Eras una excelente mamá, esperabas hasta que cada uno de tus hijos terminara de comer, siempre eras la última en probar bocado.

Regalamos a toda tu cría, todos menos uno, al único diferente, al gato más hermoso y más dulce que haya conocido en mi vida Canela que resultó ser unos días después Canelo.

Después de tu segunda cría te castramos, después de eso te volviste tan mancita, tan tranquila, ya no te importaba cazar, te volviste más seca con los demás, no te gustaba que te cargosearan ni jodieran pero a mi siempre me hacías caso, y siempre me buscabas para hacerte mimos.



Ya van dos semanas que con mi familia no sabemos nada de vos. Tenias 12 años, y te fuiste, vaya a saber donde, creo que a buscar la muerte lejos de casa.

Tengo la esperanza de levantarme a la madrugada y escuchar una vez más tu pata rasguñando mi ventana, para ir a abrirla.