domingo, 18 de enero de 2015

Cut Piece, Yoko Ono y la performance





























     “Los espectadores fueron recortando las partes de mí que no les gustaban. Al final sólo quedaba yo, firme como una piedra, pero ni siquiera eso les satisfacía: querían saber qué había en esa piedra" 

(Yoko Ono, comentario de la artista, 1971) 

           Una mujer aparece arrodillada, sentada en el suelo, sola, advertimos que no es cualquier persona, es Yoko Ono, pero no está completamente sola, del extremo opuesto al suyo, se encuentran varias personas, a la espera de compartir un poco de su protagonismo. Un sujeto se acerca, toma una tijera y corta un trozo de tela de su ropa y se retira. Al rato, avanza otro sujeto, corta otro trozo de tela y también se retira. Ella aparece inmóvil, nadie intervente. La situación se sigue repitiendo, reiteradas veces, empeorando, somos testigos de ello, de ese acto de agresión física y psíquica, somos cómplices se quiera o no, de ese acto agresivo al dejar descubierto poco a poco su cuerpo femenino. 

        Cut Piece, es el nombre de la primer performance de la artista visual Yoko Ono, realizada en 1964 en el Yamaichi Concert Hall, en Kyoto, Japón. En esta performance Yoko Ono se convierte en objeto, más específicamente, en objeto artístico, es decir, son los espectadores quienes participan con la interpretación que hace, son ellos quienes deciden qué cortar y qué no de su cuerpo, ellos moldean a la artista, presentándose a sí misma como objeto e invitando a los espectadores a involucrarse. 
La performance es una acción voluntaria, relacionada con la memoria colectiva y al trauma que genera la representación, ya que ambos tienen relación con lo reiterado. Es lo que en términos de Richard Schechner llama twice behaved behavior, es decir “repertorio reiterado de conductas repetidas". Esta performance tiene un motivo como trasfondo, es dialéctica. En un principio, me gustaría abordar este tema a partir de la fotografía de abajo, correspondiente a esta performance.

Yoko Ono, Cut Piece, Yamaichi Concert Hall, Kyoto, 1964. 

























          Si observamos esta fotografía, podemos asociar su actitud corporal pasiva con implicaciones de comportamiento social de la historia de la cultura tradicional japonesa. Lo Oriental, está fuertemente marcado, culturalmente codificado, no sólo por el hecho de ella ser una nativa japonesa, sino que se puede afirmar esto a partir de su comportamiento como totalidad, en su postura al sentarse, siempre arrodillada, inmóvil, recuerda a las ceremonias de té japonesas, o a la atención por parte de los restaurantes-templos japoneses tradicionales como los que pueden apreciarse en Kyoto, donde la mujer debe permanecer arrodillada, como en esa postura, y no puede retirarse antes que el cliente. No importaba si están sufriendo algún dolor, antes que el invitado deje su asiento, una debe aguantar. Una característica de las técnicas orientales es la valoración positiva del control de las emociones, de la búsqueda de la armonía y del autodominio. Esta idea del sacrificio (y del dolor) puede apreciarse en su rosto, que se presenta triste, que intenta ocultar su sufrimiento. No está vestida con ropa tradicional, hay una clara ausencia de kimonos por ejemplo, pero es notorio un claro uso del color negro en su vestimenta. Uso del negro, como color que puede ser asociado a la idea del luto, nuevamente marca de sufrimiento. La agresión física y psicológica que va sufriendo su cuerpo, relatan la gravedad de los hechos sociales y políticos. Esto tiene que ver con las marcas apropiadas por la artista, sea el estilo, estructuración, emociones y otros, que evidencian “partes de sus posicionamientos sociales más amplios, y también sus intentos por legitimarlos o modificarlos”. Esto tiene que ver a su vez con las relaciones de poder de la sociedad, con las estrategias de identidad y dominación. Los pedazos de sí misma son sacrificados, su cuerpo es sacrificado, es la renuncia de sí misma, o en palabras de una profesora de teatro citada por Aschieri: “en oriente el cuerpo es un medio”. Las razones aparecen como dualismos entre la ira o el amor, la frustración o la impotencia, la fuerza interior y la perseverancia. Lo superficial, lo externo puede cambiar, pero la integridad no la puede robar nadie. Diana Taylor menciona que la performance “hace énfasis en el aquí-mismo del trauma y el rol de la memoria como una función del presente, no solo del pasado”. La performance fue una oportunidad para Yoko para transmitir su sufrimiento interior hacia el exterior a través de su arte. Cut Piece fue una necesidad de la cohesión social y el amor. También se refirió a las cuestiones de género y sexismo, así como del sufrimiento humano y la soledad. En el siglo XX la influencia de lo Oriental se expandió a las vanguardias e influyó en los entrenamientos actorales. Es importante destacar, que Yoko Ono fue partícipe del movimiento artístico de las artes visuales llamado Fluxus muy importante en la década del ’60 y ’70, que se declaraban en contra el objeto artístico tradicional como mercancía. “Las estrategias del performance poseen su historia y también se van transformando”. Con respecto a esto, es importante destacar que Cut Piece fue realizada por ella en otras dos ocasiones, una al año siguiente en el Carnegie Hall de Nueva York, y la última en el 2003 en París. El objeto de la performance fue cambiando, siendo las dos primeras (años contiguos) de la misma motivación, pero la última cargada de una connotación distinta. En cuanto a su estreno en Japón, Yoko Ono dijo: "En la década de 1960 lo hice por la ira." En la primera performance, llevaba el peso de toda la violencia del mundo sobre ella, era más personal, en cambio en su última performance, dijo: "Tras los cambios políticos a través del año después de 9/11, me sentí terriblemente vulnerable-como el viento más delicado podría traerme lágrimas, (...) Cut Piece es mi esperanza para el mundo la paz". La paz mundial es el objetivo de esta última. Es interesante destacar que en Japón, el público fue tímido y cauteloso, y en cambio en Francia, fueron partícipes entusiastas para conseguir una pieza de su ropa. Tanto la primera presentación como la última se producen en tiempos de la guerra y turbulencia política. Cut Piece demostraba cómo la mirada inconsciente tiene el potencial de dañar e incluso destruir el objeto sobre el que se posa, es un llamado a la reflexión, a la solidaridad y al cambio.

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